Itinerarios de escritura urbana

Itinerarios de escritura urbana

El siguiente curso es una introducción al Programa Formativo en Escritura Narrativa.

Dictado en Casa de Letras

Este curso de verano propone convertir la ciudad en un territorio para salir a cazar historias y narrarlas. En cada encuentro vamos a trabajar con un eje de escritura diferente, en el que presentaremos recursos claves de la escritura de ficción y no ficción que nos permitan despertar la mirada para observar nuestra ciudad con otros ojos.

Artboard 1 copy 27 AI

Tres apuntes para escribir un cuento

Tres apuntes para escribir un cuento

El curso “express” online “Tres apuntes para escribir un cuento” es una introducción al Programa Formativo en Escritura Narrativa Online.
En Casa de Letras

Taller breve de iniciación a la escritura narrativa
Un grupo de personas consigue el mapa para llegar a un tesoro, compra un barco, viaja hasta el lugar y se hace de ese tesoro. La narración a la que me refiero es La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson, quizás una de las mejores novelas que ha dado Occidente. Sabemos muy bien que, entre ese “viaja hasta el lugar” y el consecuente “se hace del tesoro”, pasan un montón de cosas, se abren pequeños incidentes internos que reclaman su solución: pruebas que deben enfrentar los protagonistas, siempre relacionadas con el objetivo final.

Clínica de obra

La clínica es un concepto tomado de las artes plásticas que comprende un trabajo de acompañamiento, orientación y asesoramiento al artista en proceso de producción de su obra. En el caso de la literatura, la clínica puede iniciarse con la primera idea que moviliza un proyecto de escritura, acoplarse a un proceso ya comenzado o bien integrarse en un trabajo de revisión integral de un primer borrador para pulir defectos y potenciar las virtudes del texto.

Todos los miércoles

Primer grupo: 17 a 19 hs

Segundo Grupo: 19:15 hs a 21:15

¿Cómo ser argentino y no morir en el intento? Una reflexión sobre el nuevo libro de Ariel Idez │ Agencia Paco Urondo

por Sofía Gómez Pisa para Indie hoy │ Agosto 2018

La respuesta a la pregunta del título la encontré en el libro que Ariel Idez acaba de publicar, un libro que colocaría en el neogénero de realismo fantástico. Si hay un género literario que me encanta es el fantástico (casi que me gusta más que el género filosófico). Me encanta que en medio de una realidad bastante verosímil estalle lo impensado, lo imprevisible, lo que el lector no pensó (y que a veces ni siquiera el autor sabe). Todos nosotros recordamos la definición que hace de él, la Doctora Ana María Barranechea: es el relato en el que se entreteje algún rasgo anormal o insólito en el medio de hechos cotidianos y banales. Tiene algo de lo siniestro (unheimlich).

Creo que es un género plástico, es decir, que no tiene una definición precisa y unívoca, más bien se adapta a cada necesidad de la historia. Basta recordar los rasgos que incluía Adolfo Bioy Casares en su definición en el prólogo a la famosa Antología de la Literatura Fantástica: puede haber fantasmas, seres maravillosos y elementos fantásticos. Con esta misma libertad en la definición, coloco los relatos que Idez reúne en Modus operandi (Larría Ediciones) bajo la órbita fantástica.

Los cuentos fantásticos se nutren del realismo. Por supuesto, no es un realismo criollista en el sentido de no abundar en localismos para dar cuenta de su arraigo en lo real; es más bien, el realismo verosímil de esos relatos que parecen contar cuestiones que le suceden a cualquier hijo de vecino, pero que solo ocurren una vez: la historia en cualquier momento puede dar un giro y llevarnos a otra dimensión. Para entrar a la dimensión fantástica hace falta mover tan solo unos milímetros la realidad, es lo que hacen estos relatos de Idez (salvo el último, “Claridad”, que se proclama un cover de Tinieblas, la novela de Elías Castelnuovo, que más que fantástico es un cuento “monstruoso”). Eso sí, los relatos de Idez son fantásticos menos por elementos de la trama que por su contexto de interpretación.

Como sea, es el mismo Ariel, en el epílogo (odia escribir prólogos, confiesa enfáticamente allí), el que abre la posibilidad de que algún cuento no nos guste: quizás, asevera, sea “imposible que a un lector le gusten todos los relatos”, y se disculpa diciendo que fueron escritos en diferentes épocas, en distintas situaciones. Como a mí me gusta poner a prueba lo imposible, debo confesar que me gustaron todos los relatos. Me habían gustado antes de llegar al epílogo, que por suerte leí correctamente al final. Leí el libro en una noche maravillosa, en cuanto lo compré —un amigo me dijo, una vez, que los libros de los amigos hay que comprarlos, no hay que aceptarlos como regalo; como me lo dijo un renombrado antropólogo, temí que me aclarase esto porque él sabía que el regalo porta un maleficio: de allí en más, trato de pagar esos libros.

Es posible que espolee un poco algún cuento. Esto debería incomodarlos, lo que los obligará a leer el libro. Espero que les pase como a mí, que en cuanto me hundí entre las palabras, me dejé llevar por las distintas historias. Me divertí. Me hizo pensar. ¿Qué más se le puede pedir a unos relatos en papel, en este mundo fascinado con la virtualidad?

Voy a comentar primero el relato que más explicita, según mi modesta opinión, la ideología de Idez, o por lo menos la mirada que tiene sobre el argentino y la argentina, se llama “Una tragedia argentina”. En este cuento, en la primera página, mueren una madre y su hijo (el narrador mató a un bebé en la primera página, así es la tragedia argentina). Las palabras: “Dos años antes”, abren la oración que sigue al derrumbe del balcón. Y ahí cuenta todos los tira y afloje que suceden en la administración del edificio, en el consorcio y entre los vecinos cuando se plantea arreglar el frente y el contra frente, que están muy deteriorados. El presupuesto, bien a lo argentino, está engrosado por gastos injustificados, y los vecinos organizados consiguen otro presupuesto más económico. El negocio del administrador y el de la “líder” de los vecinos se cae, ganan los rebeldes. Son muy divertidas todas las idas y vueltas entre los vecinos, que para bien y para mal me recordó la serie de Franchela, El Encargado. Un arte imitando a otro arte.

El otro relato en el que se trasluce la ideología del escritor, según mi opinión, es “Modus operandi”, el relato que le da nombre al libro. Cuenta Ariel que el nombre se lo debe a los editores de su primer libro, en el que aparecía este texto y que significa “modos de obrar”. Relata las peripecias de una serie de suicidas que, de la nada, se arrojan debajo de los autos, urbanistas kamikazes que se inmolan… pero ¿para qué lo hacen? ¿Por qué y cómo lo hacen? ¿Es un virus psíquico que obliga a los peatones a lanzarse debajo de las ruedas? ¿O son una célula clandestina y están organizados para acabar con la vida normal en Buenos Aires? En este cuento hay una premonición de lo que puede ocurrir en cualquier momento en una ciudad en la que la lucha es cuerpo a cuerpo, o mejor dicho: cuerpo contra metal, mirada a mirada y bocinazo sobre frenadita casi pisándole los pies al peatón que espera en la mitad de la calle a que cambie el semáforo.

Esta lucha ya está en marcha, la lleva adelante cualquiera que viva en una megalópolis y camine sus calles, maneje un auto o ande en bicicleta. No por nada, para un país son más importantes la cantidad de autos que se venden que la de los nacimientos que se producen. El toque nacional y macabro, acá, radica en que es verosímil que nos organicemos para matarnos. Cuando casi al final del relato el discurso tranquiliza al lector porque “la estadística de muertos por accidentes de tránsito volvió a los aterradores números” que había antes de estos peatones suicidas, el lector tiene que reír o llorar porque esa es la realidad. Algunos años más tarde, una automovilista denuncia a un peatón porque le pareció sospechoso un gesto suyo con el que amenazaba arrojarse debajo de las ruedas. Es un cuento actual, pero no podemos dejar de remitirlo a la Dictadura, donde el buen vecino denunciaba a otro/a por su aspecto. La Dictadura también forma parte del ser nacional, y su agencia aparece varias veces en estos relatos.

El cuento que más me hizo acordar a la risa que me sacudía cuando leía La última de Cesar Aira y Elogio de la pérdida y otras presentaciones, libros anteriores de Ariel, es “Carne”, que abre esta serie de relatos. Por supuesto, en este cuento también se lee claramente lo que piensa Ariel de los argentinos y argentinas y, en particular, de la población del campo del arte y la cultura.

Para entrar a la dimensión fantástica hace falta mover tan solo unos milímetros la realidad, es lo que hacen estos relatos de Idez.

Es una reivindicación y una burla. Lo incluiría en la tradición de las Vidas imaginarias, de Marcel Schwob o los relatos de Borges en Historia universal de la infamia. La verdad, estuve tentado de googlear si Jorge Manfreddi, el artista proletario y héroe de esta historia, era real y había existido. No lo hice no porque esté totalmente seguro de que es un personaje literario, sino porque elegí creer que lo era, renunciando a la realidad. Era una invitación que me hacía Ariel, y acepté el convite. La recreación de ese clima de efervescencia que se vivía en la década de 1960 alrededor del mítico Instituto Di Tella está representado de manera fantástica, no en el sentido técnico del término sino en el sentido vulgar, porque es muy verosímil: un artista como Manfreddi hubiera levantado todo el mito que lo rodea en “Carne”.

Ese mito, con todas sus contradicciones (nos confiesa el narrador), se debe a que este artista de la carne literal se aproxima al “ser nacional”. No sé si hay un ser nacional (creo que nunca a un alemán o a un boliviano se le ocurriría dudar de su ser nacional). Todos nuestros intentos de definir al ser nacional lo que hacen es encubrir las contradicciones irresolubles en las que nos sentimos envueltos cuando nos interrogamos por lo que significa ser argentinas y argentinos. No sé si hay un ser nacional, y si lo hubiera estoy seguro que se asemejaría menos a un gaucho, a un tanguero o a un folclorista, y más a un ser fantástico que bordea lo monstruoso, que es hembra aunque se llame Rogelio, que pare un huevo casi irrompible, y que un hombre hétero, no sé si llega a enamorarse, pero que por un motivo u otro termina acostado en la misma cama con él, con ella o con eso, según queramos definirlo. Acá me estoy refiriendo a “Claridad”, el último cuento del libro.

Para llevarle una vez más la contra al autor de estos relatos, que confiesa abiertamente que le “cuesta encontrar ese ‘hilo conductor’” a los cuentos aquí reunidos, debo confesar que lo encontré, que ese “hilo conductor”, de hecho, es evidente. El intríngulis que los vincula es el ser nacional, la argentinidad. La interrogación ya no soporta ser formulada como la formulaba un Mallea ni un Hernández Arregui, por poner un par de nombres que se interrogaron por esa cosa tan interesante, pues estamos bajo el paradigma de los Lamborghini y los Copi.

De hecho, si lo pensamos un poco, advertimos que varios de los cuentos del libro son básicamente realistas. Si nos ponemos conceptualmente estrictos constatamos que hay un único cuento maravilloso y que la mayoría de los otros cuentos son básicamente realistas, y que si los consideramos fantásticos es por el contexto de nuestro país. El contexto de interpretación se me hace imprescindible, en este caso. En este sentido, al libro de Idez podría considerarlo un libro de denuncia. Denuncia las condiciones económicas que vive cualquier asalariado, en particular los asalariados del campo cultural. Denuncia nuestra facilidad para fascinarnos y, a la vez, nuestra indiferencia por la suerte del otro/a.

Un enunciado de “Carne” pone sobre el papel las contradicciones esenciales que conforman al ser argentino. A partir de los experimentos que lleva a cabo Manfreddi con la carne, “sus compañeros (en el frigorífico) creen que anhela poner una carnicería o que es un retardado mental”, nos dice el narrador. Charly García supo decir que le gustaría hacer una obra que el público no discerniera si era una genialidad o una bazofia. Por qué no pensar que el peso de este tipo de contradicciones (o va a poner un negocio o es un retardado mental) es lo más propio de este ser nacional que se caracteriza en primer lugar por no reconocerse en ninguna figura que lo defina, definición que él busca con ansiedad, rechazo y humor. En el libro de Idez van a encontrar… por lo menos yo encontré recortadas varias de las “figuritas” que definen nuestros diferentes perfiles de argentinos y argentinas. Hay humor, pero también hay pesadilla y tragedia, en esta definición.

Nota original: https://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/como-ser-argentino-y-no-morir-en-el-intento-una-reflexion-sobre-el-nuevo-libro-de-arielhttps://www.agenciapacourondo.com.ar/fractura/como-ser-argentino-y-no-morir-en-el-intento-una-reflexion-sobre-el-nuevo-libro-de-ariel

Modus operandi

Ariel Idez 2023 – Larría Ediciones

“”Un artista plástico cuyo material de trabajo es la carne; ataques de peatones suicidas; un empleado de albergue transitorio que, desde las sombras, se enamora de una clienta; las consecuencias trágicas de decisiones tomadas por un disparatado consorcio; una relación de pareja entre un bombero y un monstruo viscoso llamado Rogelio. Y hay más…”

Christian Broemmel

Elogio de la pérdida

Ariel Idez 2016 – Editorial Interzona

“La presentación de un libro es siempre una ficción o un imposible, ya que exigiría analizar y exponer una trama que no conviene anticipar a quienes aún no lo han leído, según dictaminó Borges en un célebre epílogo. Para no incurrir en ese spoiler, aquí solo puedo decir que en el maravilloso y raro artefacto construido por Ariel Idez se encontrarán presentaciones imposibles de once libros improbables, entre ellos un e-book cuyas palabras se desvanecen a medida que se las lee hasta llegar a la página en blanco, los “poemas argentinos” de un poeta chino que atiende la fiambrería de un supermercado y que no entiende una sola palabra del presentador, los covers literarios de un audaz plagiador, un Manifiesto inutilista y, en general, una reivindicación de la caída, la pérdida y el goce de escribir contra la demanda y la obligación al éxito. Tal sería el paradójico triunfo de esta presentación de presentaciones, la alquimia que vuelve materiales a esos libros que no hemos leído y que probablemente nunca llegaremos a leer.”

Osvaldo Baigorria

La última de César Aira

Ariel Idez 2012 – Editorial Pánico El Pánico

La novela de Idez toca todas las notas de la obra de Aira: los dobles, la ficción de etnografía urbana, la habitual estructura de thriller y aventura con batalla coreográfica final, los detalles de exotismo oriental (hay chinos invasores y taiwaneses peronistas) y el final escatológico, cuyo catalizador es Aira transfigurado en enemigo público y Sabio loco.

Pero más allá del dominio perfecto de estos elementos “de armado”, el mérito principal de Idez es acertar donde fracasaron los epígonos: el calco de la prosodia, de los juegos retóricos que apuntan a la perplejidad, de la ficción vertiginosa de paradoja. Todo eso que en algunos se hacía ripio se vuelve gracia y parodia en la prosa de Idez, lo que produce una especie de mareo crítico: juego del burlador burlado, homenaje y exorcismo, La última de César Aira copia tan bien el funcionamiento de la frase aireana que por momentos hace sentir el mareo del Pierre Menard, esa doblez en el que ya no sabemos de dónde viene ni qué valor tiene lo que leemos, multiplicando las preguntas que la propia obra de Aira le dejó como una bomba insidiosa al indefenso campo crítico.

Flavio Lo Presti, Revista Ñ

No vas a ser astronauta

Ariel Idez 2010 – Editorial Pánico El Pánico

Un volumen de cuentos sólido y bastante entretenido

La ciudad de Buenos Aires se sume en el terror absoluto, el tema se instala en la agenda mediática, los vecinos no quieren salir manejando a la calle, porque cualquiera puede ser un peatón suicida. Pero ése es sólo uno de los notables cuentos que integran No vas a ser astronauta. Ariel Idez sabe muy bien cómo manejar el ritmo y el salto de géneros en su primer libro de ficción, un volumen de cuentos sólido y bastante entretenido. No vas a ser astronauta se abre con “La falla”, un diálogo corto entre un médico y su paciente que sufre un raro caso de división aguda. Después sigue con el ya mencionado “Modus operandi” para caer en el cuento central del volumen que le da nombre al libro. Pero todavía falta la carnicería. De los placeres de la carne, se pasa a “Carne”, el cuento más largo y tal vez el más recordable. Un cuento irreprochable por donde se lo mire, mordaz y cómico, no tiene nada que envidiarle a la literatura de Cortázar o Aira.

Ezequiel Acuña, Radar Libros

Luz y fuerza

Ariel Idez 2015 – Ministerio de Cultura de la Nación

Libro que integra la colección “Leer es Futuro”, editada por Ministerio de Cultura de la Nación. Esta colección de narrativa se haya integrada por 21 libros con cuentos de 18 escritores noveles, ilustrados por jóvenes dibujantes, con el objetivo de difundir sus obras, fomentar la lectura y federalizar la palabra.

El libro se distribuyó de forma gratuita en las diferentes actividades culturales que realizó el Ministerio en todo el país y también puede leerse en línea.

Literal: La vanguardia intrigante

Ariel Idez 2010 – Prometeo Libros

Relaciones entre literatura y psicoanálisis, omnipresentes en la revista.

Mil veces más citada que leída, esa sola condición le habría bastado a “Literal” para convertirse en un mito. El autor de esta investigación sitúa con precisión el nacimiento de la revista en el contexto político y el clima cultural de los primeros ’70, detalla las lecturas e influencias de su grupo fundador y da cuenta de las fricciones que este proyecto tuvo con otras poéticas de la época.
Sin descuidar estas tensiones, el interés de este libro se concentra en las relaciones entre literatura y psicoanálisis, omnipresentes en la revista, y en la identificación de los dos enemigos predilectos de “Literal”: el realismo y el populismo estético.