The Villegas affaire

El agua corriente es salada en General Villegas. Es lo primero que advierto, cuando me quiero enjuagar la boca seca por los quinientos dieciocho kilómetros recorridos desde San Rafael, Mendoza. Me lavo los dientes, junto el agua de la canilla haciendo un cuenco con las manos, me las llevo a la boca, hago un buche y, siento, de pronto, el gusto a salitre. Por lo demás, todo es nuevo y lustroso en el flamante hotel Eben Ezer. En la recepción, una huésped felicita al gerente por las instalaciones y acto seguido le pregunta:

_¿Y quién se hospeda acá? –como si en verdad quisiera saber para qué hacen un nuevo hotel en Villegas, cuando ya cuentan con uno, dos, tres. El gerente explica sin sacarse la sonrisa de la cara que auditores, viajantes de comercio, ingenieros agrónomos, gerentes bancarios y, por supuesto, gente de paso que hace noche a mitad de su camino hacia acá o hacia allá, a la montaña o a la costa, como esa misma mujer, como mi pareja y yo. Leer más

“Elogio de la pérdida Volumen 2”

Volvemos con “Elogio de la pérdida Volumen 2”: Domingos 2 y 9 de junio en el Club Cultural Matienzo.

El actor, performer y dramaturgo Maximiliano de la Puente y el propio autor se propusieron devolver algunas de esas presentaciones a su hábitat natural, la escena, a través de un conjunto de conferencias performáticas.

Compra y reserva de entradas a través de Alternativa Teatral

El comienzo

El comienzo es uno de los momentos claves de un texto literario. Prueba de esto es que si lo intentamos, seguramente podremos recordar muchos más comienzos que finales de cuentos y novelas. Pero además, el comienzo reúne características únicas y cruciales; las decisiones que se tomen ahí afectarán al resto de la obra. Leer más

El arte de la escritura

Mi nombre es Ariel Idez, soy un escritor argentino nacido en 1977 y tengo cinco libros publicados a la fecha. Hace más de siete años que coordino talleres de escritura literaria y académica en distintos espacios culturales e instituciones educativas de la ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense. Leer más

Elogio de la Pérdida y otras presentaciones, de Ariel Idez │ Indie Hoy

por Sofía Gómez Pisa para Indie hoy │ Agosto 2018

Haciendo gala del antiguo oficio de presentador de libros, derramando conocimiento sobre historia de la literatura, géneros, poesía y narrativa, Ariel Idez construye Elogio de la pérdida y otras presentaciones (Interzona, 2016). Una obra original, inteligente y meta-textual que también fue llevada al teatro, donde las presentaciones, a través de conferencias performáticas, volvieron a su lugar primigenio: la escena.

En Elogio de la pérdida y otras presentaciones la ficción parece ponerse al funcionamiento de una creación meta-textual…
Concuerdo con una clave de meta-ficción en el libro, ya que se trata de presentaciones de libros apócrifos (imaginarios). En ese sentido se trata de hacer ficción tomando un género muy menor, como el de las presentaciones de libros para convertirlo en una máquina de producir ficciones.

Elogio de la pérdida y otras presentaciones se hizo presente en mayo, en el Club Cultural Matienzo, con dos funciones. ¿Cómo fue ese traspaso de lo escritural a lo escénico?
La transposición a escena del libro fue idea del dramaturgo y performer Maximiliano de la Puente. Él percibió algo muy interesante: que la presentación de un libro es sobre todo un hecho escénico, una comedia protagonizada por un autor y un presentador. Entonces no se trató tanto de “llevar” estos textos a escena como de “devolverlos” a esa escena en la que se originaron (aunque fuera una escena imaginaria). Por supuesto que en ese pasaje ideamos con Maxi y Bettina Girotti, que colaboró en la puesta, una serie de dispositivos escénicos que permitieran “materializar” a esos libros y sus autores imaginarios. Últimamente veo muchos textos literarios que llegan a la escena (como Electrónica, de Enzo Maqueira, los cuentos de Casciari o los de Tomas Downey) y me parece una forma muy interesante de darle una nueva vida a un libro.

Si bien las presentaciones de libros ya estaban presentes en tu vida de alguna forma, ¿por qué escribir un libro de ellas?
El libro es de presentaciones porque me gustó el formato de la presentación dado que nunca se había abordado para producir una obra de ficción. Además, me permitía emprender la operación borgeana de contar libros en lugar de escribirlos.

” (…)Si la historia de Petrecca parece cuento (chino), su encuentro con Leslie Ho no hace más que agregar otro capítulo a esta saga prodigiosa. Porque si bien nuestro poeta y traductor vive en Caballito, su novia habita el barrio de San Telmo. Imaginen su sorpresa cuando vio al fiambrero del supermercado leyendo una antología del poeta de la dinastía Tang, Li He. Pero mayor aún fue la sorpresa que se llevó Leslie Ho cuando un joven cliente le preguntó –en chino– si le gustaba la poesía. En verdad ni siquiera llegó a sorprenderse, porque la situación era de un grado tal de improbabilidad que su mente no fue capaz de procesarla: Ho confesaría después que creyó que, de tanto soportarla como ruido de fondo, había logrado empezar a comprender, como en un pase de magia, el idioma de los argentinos y por eso respondió con un dubitativo ‘Sí… ¿Cuánto de mortadela?’. Pero ya podemos suponer que Petrecca no es de esos que se amilanan a la primera adversidad. A riesgo de elevar peligrosamente sus índices de colesterol, empezó a comprar fiambre todos los días o, al menos, todos los días que pasaba en casa de su novia, eligiendo estratégicamente los horarios en los que el súper estaba más tranquilo, y así logró ganarse la confianza de Ho, que ni en sus más descabelladas fantasías imaginó que podría ponerse a hablar en chino sobre poesía china clásica con un cliente argentino mientras rebanaba en fetas una pata de jamón cocido Paladini (…)”
(Poemas Argentinos, Leslie Ho, en Elogio de la Pérdida y otras presentaciones)

La voz narrativa irónica que utiliza Elogio de la Pérdida y otras presentaciones parece funcionar desacralizando las presentaciones de libros…
Es que la presentación de un libro tiene algo de ritual, de bautismo, y como todo ritual, tiene algo de “sagrado”. Nadie cree en lo que se dice en una presentación, como nadie cree que lo que sucede en un ritual sea “real”, pero en ambos casos se hace “como si” y ese “como si” tiene efectos concretos. Por eso me interesaba desacralizar, “profanar”, lo que las presentaciones de libros tienen de ritual y de sagrado a través de la ficción.

¿Te imaginás un mundo sin presentaciones de libros?
Sí. No sé si siempre se presentaron los libros y si siempre se seguirán presentando. Lo importante del libro es el texto, todo el resto es prescindible. Igual creo que no sería un mundo en el que me gustase habitar.

Nota original: http://www.indiehoy.com/libros/elogio-la-perdida-otras-presentaciones-ariel-idez/

Literal: la vanguardia intrigante │ Étcetera de la Fundación Descartes

Fragmento de la Introducción al libro. Las fotos son de la presentación del libro realizada en la Fundación Descartes el martes 26 de abril.

en Etcétera periódico de la Fundación Descartes │ Mayo de 2011
A principios de los años setenta, cuando todos hablaban de revolución, un grupo de jóvenes escritores se propuso tomar el Palacio de Invierno de la Literatura Argentina. Sus nombres eran Germán García, Luis Gusmán y Osvaldo Lamborghini, y el arma secreta con el que pensaban llevar adelante su plan, una revista literaria llamada Literal.
La estrategia no resultaba por cierto novedosa: la historia de la literatura local está jalonada por el nombre de publicaciones que marcaron una época: La Biblioteca, de Paul Groussac; La revista de América, de Rubén Darío y Ricardo Jaimes Freyre; Nosotros de Alfredo Bianchi y Roberto Giusti; Martín Fierro, con los jóvenes Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Leopoldo Marechal;
Sur, de Victoria Ocampo; Contorno, que agrupó a los hermanos David e Ismael Viñas, Oscar Masotta y Juan José Sebrelli; Poesía Buenos Aires, con Edgard Bayley y Francisco Maradiaga, por citar algunas de las más importantes. Estas revistas comprendieron no sólo los nombres de quienes las llevaron adelante, sino sobre todo una forma de pensar y hacer literatura. En este contexto puede decirse de Literal que, si bien no cierra este ciclo de constante renovación y reformulación, engloba el último de estos movimientos que se presenta en sociedad con las altisonantes trompetas de la vanguardia.
Mediante esta contraseña casi secreta (a excepción de un texto de Horacio
Romeu, la palabra “vanguardia” no se menciona en la publicación), los
manifiestos se multiplican en Literal para exponer otra forma de leer y escribir
que denuncia al mismo tiempo la coartada de un campo literario ahogado por
las demandas políticas y propone un lugar de una literatura revolucionaria,
una revolución de la literatura. Contra la fachada del compromiso y la mala fe
del referente revolucionario, los hombres de Literal librarán su batalla en el
plano de la gramática y la sintaxis, herramientas con las que, a fin de cuentas,
el orden dominante construye su discurso hegemónico.
De todas maneras, no resulta extraño que, en una época signada por la
agitación política y social, un grupo de jóvenes autores intentaran copar el

cenáculo de las letras locales. ¿Fue Literal un movimiento a c

De izquierda a derecha: Osvaldo Baigorria, Ariel Idez, Germán García y Ricardo Strafacce.

ontramano

de su época o se hizo cargo de llevar esa misma lógica hasta sus últimas
consecuencias en su propio campo de acción? Este es uno de los interrogantes
del cual el presente libro intentará dar cuenta. Para ello, se tratará de
reconstruir el campo y el clima cultural en sus aspectos más significativos
vinculándolos a las propuestas de la revista.
Lo cierto es que hoy, a 37 años de su primer número, puede decirse que Literal

ha ejercido la influencia de una corriente subterránea de la que muchos escritores abrevaron para producir su obra. La revista sólo alumbró tres ejemplares: septiembre del 73’, mayo del 75’ y noviembre del 77’.

Germán García

Pronto devino en mito, se la citó de oídas y se evocó casi como un pathos al
que la literatura argentina podía aspirar. Con los años, su nombre comenzó
a escucharse cada vez con mayor insistencia, a medida que los autores que
se formaron bajo su halo comenzaban a ganar protagonismo en el campo
literario. De este modo, Literal resultó una pieza clave en la educación
sentimental de escritores que emergieron y se consolidaron en las décadas
siguientes. Rodolfo Enrique Fogwill, por citar uno de los casos más conocidos, agitó el nombre de la revista como santo y seña de un nuevo canon que el autor de Los pichiciegos impulsó desde las páginas de publicaciones de los años ochenta, como El porteño, Vigencia o Tiempo Argentino, en las que escribía:
“No matar las palabras, no dejarse matar por ellas titulaba en su primera edición la revista Literal, nacida contemporáneamente y en respuesta a Crisis.
Literal nunca vendió cuarenta mil: habrá vendido cuatrocientos. Literal nunca encontró –como Crisis- un mecenas coleccionista de arte: oponerse a las supersticiones colectivas no es un buen negocio.” (1)
(1) Fogwill, Rodolfo Enrique, “Ese gustito a muerto” en Los libros de guerra, Buenos Aires, Mansalva, 2008, p. 132. Fogwill también ha manifestado la trascendencia de Literal en numerosas entrevistas, en una de ellas publicada en 1993 en el Diario de Poesía, afirma: “Para mí, el único lugar desde donde se podía pensar durante los años setenta era Literal”. Op.cit. p.284.
Nota original: http://www.descartes.org.ar/Files/etcmay11.pdf

Un repaso de la historia de la mítica Literal │ El Sol

En noviembre de 1973 salía a la calle el número uno de una revista que marcaría una buena parte del camino que recorrería luego la literatura nacional. Literal era el nombre de esta publicación, que contaba en sus filas con Germán García, Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán, Josefina Ludmer, Ricardo Ortolás y Lorenzo Quinteros, entre otros.

en El Sol │ Abril de 2011

En noviembre de 1973 salía a la calle el número uno de una revista que marcaría una buena parte del camino que recorrería luego la literatura nacional. Literal era el nombre de esta publicación, que contaba en sus filas con Germán García, Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán, Josefina Ludmer, Ricardo Ortolás y Lorenzo Quinteros, entre otros. Casi cuatro décadas después, editorial Prometeo lanza Literal, la vanguardia intrigante, del investigador especialista en periodismo Ariel Darío Idez, un libro que repasa la historia de esta revista, que apenas llegó a publicar tres números: además del inaugural ya mencionado anteriormente, las ediciones doble 2/3, en mayo de 1975, y 4/5, en noviembre de 1977.

Pese a su corta vida, sus tres ediciones marcaron un rumbo que varios autores contemporáneos seguirían, convirtiéndose casi en un mito, a pesar de haber tenido que soportar el rechazo de muchos personajes de la cultura de entonces, hecho que los responsables de la publicación no sólo aceptaron, sino que tomaron como un indicador de lo que la revista significaba para la época y de las voces que esta podía levantar. “El rechazo que Literal sufrió muestra que fue entendida y que todo mensaje llega a destino, aunque sea bajo la forma del odio que instaura la negación”, cita Idez de la página 17 del número 4/5 de Literal.

EN CONTEXTO. La contextualización que Ariel Darío Idez realiza de Literal en su tiempo es una de las principales herramientas que provee al lector para comprender cómo, por qué y para quiénes surge esta publicación. El país convulsionado y sangriento de la década del 70 es el espacio y el tiempo en el que nacerá Literal, lo que llevó a sus responsables a enunciar, entre otros argumentos, que la publicación nacía “porque la literatura argentina debe romper con la Literatura para ser argentina” y “porque no hay propiedad privada del lenguaje”. Reseñando el escenario político, económico y social de la época, Idez nos ofrece una investigación exhaustiva sobre un mito.

Nota original: https://www.elsol.com.ar/un-repaso-de-la-historia-de-la-mitica-literal.html

Restos de un pasado que vuelve│ Rosario 12

Mucho más citada que leída, con el paso de los años la publicación se transformó en auténtico lugar de referencia a la hora de pensar y hacer literatura en Argentina. Pero además libró batallas contra el ideal del “compromiso”.

por Nicolás G. Recoaro y Gustavo Toba para Rosario 12 │ Febrero de 2011

A la revista Literal le bastaron tres volúmenes para convertirse en una referencia obligada a la hora de pensar la literatura. El libro de Ariel Idez sobre este proyecto de los años setenta contribuye a pensar su génesis.

En los 70, era una obligación implícita posicionarse respecto de la Revolución Cubana.

¿Qué comparten Jacques Lacan, la primavera camporista, Germán García y el antirrealismo? ¿En qué confluyen Oscar Masotta, la muerte de Perón, Osvaldo Lamborghini y la instauración de un nuevo canon literario argentino? ¿Qué une a la no obra de Macedonio Fernández, la Revolución Cubana, el psicoanálisis y Lorenzo Quinteros? ¿Y qué a la bohemia errante de los cafés de la Avenida Corrientes, Luis Gusmán, el post humanismo y el filósofo Eugenio Trías? La respuesta más fácil (o no tanto): todos ellos participaron o colaboraron para forjar Literal, la revista que ejerció un curioso magnetismo durante buena parte de los 70 en el campo cultural argentino. Mucho más citada que leída, con el paso de los años la publicación se transformó en auténtico lugar de referencia, es cierto que un tanto subterráneo, a la hora de pensar y hacer literatura en la Argentina.

La reciente aparición del libro Literal. La vanguardia intrigante (Prometeo), del escritor e investigador Ariel Idez, contribuye a repensar la génesis de ese proyecto que duró apenas cuatro años y tres volúmenes. Durante ese corto pero intenso período, Literal libró batallas contra el ideal del “compromiso”, las formas tradicionales de la representación y la potestad del hombre de acción revolucionario, desde el plano de la gramática y la sintaxis, armas con las que también el orden dominante construye su discurso hegemónico.

Y dio además el puntapié inicial a aquello que Héctor Libertella (otro colaborador de la revista) llamó “el lento destilado del psicoanálisis en la literatura”, ese delgado tránsito entre el inconsciente y la letra.

Hacia principios de la década de 1970, el campo literario latinoamericano se había vuelto un lugar de ida y vuelta constante entre el discurso estético y el político. La necesidad de algún posicionamiento efectivo respecto de la Revolución Cubana era, cada vez más, una obligación implícita para todo escritor afín a la izquierda. Los debates respecto de la noción de “compromiso”, primero, y la problematización de la propia figura del intelectual y productor cultural más tarde, comenzaban a exhibir la emergencia de un antiintelectualismo que reprobaba en distintos grados el discurso literario concebido como mero “juego de palabras”.

En el escenario literario argentino, a su vez, la aparición del peronismo se insinuaba hacía rato como una posible salida (o entrada) del ideal ilustrado sarmientino, de la literatura de ideas y de la escritura como “reflejo” de otra cosa.

El primer número de Literal salió a la calle durante los primeros días de noviembre de 1973, precedido por afiches callejeros: “Herederos setentistas del espíritu muralista de las vanguardistas Prisma, Inicial y Martín Fierro”. Inmunes a la seducción de la imagen, los pequeños carteles intentaban llamar la atención de los caminantes con ocho puntos encabezados por el título “Literal N 1: Una Intriga”, que conformaban una declaración de principios (reforzados por dos manifiestos que aparecen en el primer volumen).

Idez explica que el mismo concepto de “intriga” con el que se presenta Literal en el afiche sería uno de los leitmotivs del grupo. Intriga entendida menos como misterio que como conspiración (“la literatura es un objeto intrigante, su producción es una intriga aunque no resulte un misterio para nadie”) y muy acorde al clima de época.

Frente al ideal humanista revolucionario, la revista impulsaba una intervención corrosiva y fragmentaria sobre “la empresa occidental de la significación”, poniendo en juego (literalmente) la ambigüedad y la sobreabundancia inherentes a todo lenguaje. “Asumir el compromiso = Pactar un trato con la escritura burguesa de los medios de información”, escribía Osvaldo Lamborghini en el segundo número de la revista, fechado en mayo de 1975. En todo caso, subordinación de la escritura al goce en lugar de a la política. Literal apuntaba que ahí donde la funcionalidad del discurso como pura comunicación, como contenido informativo, como sentido directo se hace soberana, la literatura se esfuma. De allí su manifiesto rechazo también al discurso periodístico.

El proyecto Literal formó parte de un relativo boom editorial y una constelación de libros fundacionales publicados en esos años por sus fundadores: Nanina (1968), Cancha Rayada (1970) y La vía regia (1975), de Germán García; El Fiord (1969) y Sebregondi retrocede (1973) de Osvaldo Lamborghini; El frasquito (1973) y Brillos (1975) de Luis Gusmán. Sin embargo, sería un error calibrar las apuestas de la revista sólo en el plano de su influencia contemporánea, sin ponerlas a jugar con la tradición literaria argentina y la conformación de una nueva genealogía que se reapropiaba de nombres como Macedonio Fernández, Oliverio Girondo y el fundamental Witold Gombrowicz.

Quizás, como dice Idez, en aquellos años donde todo el mundo hablaba de revolución, un grupo de cuatro o cinco escritores se propuso tomar por asalto el Palacio de Invierno de la Literatura Argentina, para dejar esparcidos “los restos de un futuro que vuelve”.

* Fragmentos de una reseña de “Literal. La vanguardia intrigante” de Ariel Idez.

Nota original: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-27560-2011-02-24.html

Éramos tan literales │ Radar libros

Un ensayo que reconstruye con rigor el papel que tuvo la revista Literal en la renovación crítica de la literatura argentina.

por Augusto Munaro para Radar libros │ Enero de 2011

La revista de avantgarde Literal representó una instancia decisiva en la historia de la literatura nacional. Fue un punto de inflexión dentro de un contexto

Germán García y Luis Gusmán en la época de Literal

signado por la agitación política y social. Sus cinco únicos números en tres volúmenes (Literal/1 apareció en 1973, Literal 2/3 en 1975 y Literal 4/5 en 1977), bastaron para que sus principales fundadores e impulsores, Germán García, Luis Gusmán y Osvaldo Lamborghini, desestabilizaran los valores tradicionales del lector, ofreciendo nuevas formas de lectura y escritura (“en lugar de una literatura política, una política de la literatura”). Ariel Idez demuestra con este libro los modos en que Literal buscó esa auténtica ética de la práctica literaria para subvertir los valores de escrituras canónicas.

Esta revalorización de la literatura (en especial de su función intrínseca y su potencial) fue analizada someramente desde su estructura lingüística postsaussuriana (el lenguaje comprendido como única realidad) y orientada hacia el psicoanálisis lacaniano (cuyo mentor fue el intelectual Oscar Masotta) con el fin de diseñar una estrategia estética alternativa. Junto con esas dos novedades, al programa de Literal debe sumarse la reivindicación de la poesía como género clave para la renovación literaria, pues ella construye sus significados in praesentia, “en el acto mismo de enunciarse”.

Literal. La vanguardia intrigante Ariel Idez Prometeo 130 páginas

Así Literal se manifestó contra el realismo y el populismo, dos facetas que conformaban el entonces discurso hegemónico. Los puso en jaque cristalizando sus deficiencias al indagar sobre la función que cumple el lenguaje (¿debe elaborar un mensaje “comprometido” o, al contrario, la escritura necesita ser el objeto mismo de la práctica literaria?). Desde su primer número apostó a premisas que vindicaban la autonomía del campo literario, una literatura donde “no hay propiedad privada del lenguaje”, ampliando sus fronteras, a su vez, a través de una genealogía propia (una revisión del canon que incluyó a Macedonio Fernández como eje, pero también a Witold Gombrowicz y ciertos aspectos polémicos de Borges).

Como consecuencia: en la literatura no importa tanto el tema (los géneros y sus tediosas argumentaciones) sino la irrupción de la palabra, el tono con que el lenguaje se devela. Un programa que intentó legitimar un discurso hasta entonces ignorado en los circuitos oficiales.

Ariel Idez reconstruye el campo y clima cultural de los setenta a través de una investigación precisa, bien documentada gracias a una prosa clara y objetiva. Libro que revela alguna de las claves esenciales para comprender un episodio tan relevante como polémico, pues durante décadas algunos sectores heterodoxos de la crítica rotularon a Literal como falsamente elitista (por cruzar ensayo y ficción). No obstante, y gracias a ella, la publicación posibilitó la lectura de autores posteriores como Aira, Piglia y Fogwill, entre otros.

Nota original: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4146-2011-01-27.html